Archive for the 'Años 1930-1940' Category

28
nov
09

“La noche de los girasoles” y una cierta tradición: lo rural y el honor

Escena de “Carne de fieras” de Armand Guerra

Tanto Cifesa como Filmófono son las productoras que mantuvieron la industria cinematográfica española “a flote” durante la compleja década de los años treinta. Cifesa mostraba un cine urbano donde las comedias al estilo Hollywood solían estar interpretadas por la estrella del momento: Imperio Argentina. Por otra parte, Filmófono, que tuvo como hombre fuerte a Luis Buñuel, creó, en general, dramas rurales. Todas ellas son películas populares que tuvieron un cierto éxito, según títulos, en las carteleras del país. A grandes rasgos, el cine realizado en esta época se caracterizó, principalmente, por el tratamiento del honor en la mujer y la muestra de una naciente modernidad protagonizada por la maquinaria. De esta manera, la virginidad de la mujer y su relación con el honor familiar fueron tratadas en obras como La aldea maldita (Florián Rey, 1930), cuando la mujer de un campesino en prisión toma la iniciativa y viaja en busca de un futuro mejor, terminando en una especie de bar de “alterne” de la época. La fascinación por la maquinaria  fue una constante que aparecía incluso en las denominadas “comedias de teléfonos blancos”. El bailarín y el trabajador (Luís Marquina, 1936) comienza con unos planos documentales seguidos de otros que perfectamente podríamos haber encontado en la distopía urbana futurista de la famosa película de ciencia ficción Metrópolis (Fritz lang, 1927). En este momento, es necesario destacar la película Carne de fieras dirigida por  el director de cine y agitador anarquista incansable Armand Guerra, cuyo nombre real era José Estivalis. La película que tratamos se desarrolla en el mundo del circo y en ella cabe destacar la aparición del primer desnudo casi integral en la historia del cine español realizado para salas comerciales -obviamente, no tenemos en cuenta la realización de cine porno erótico que se llevaba a cabo desde hace décadas-.

Sin embargo, el tema recurrente del honor es llevado a la pantalla de manera evidente por diferentes directores desde los inicios del cine hasta la actualidad. Una de las propuestas más interesantes del cine español de los últimos años viene de la mano de Jorge Sánchez-Cabezudo y su película La noche de los girasoles (2005). Un hombre solo huyendo a través de un campo de girasoles en mitad de la noche es el inquietante inicio de este “drama-thriller rural”. En esta película encontramos diferentes historias aparentemente independientes que se interrelacionarán de manera sorprendente gracias a un montaje sencillo pero muy interesante: “El hombre del motel”, “Los espeleólogos” y “Amós el loco”. El personaje de Amadeo, interpretado por Celso Bugallo, es un enclave indispensable para adentrarse en esta apasionante historia. Uno de los muchos temas tratados tiene como protagonista a éste, cabo de la Guardia Civil a punto de jubilarse y encargado del pueblo donde transcurre la acción.  Amadeo, que tiene una cordial relación con su hija Raquel (Nuria Mencia) y el marido de ésta Tomás (Vicente Romero), también miembro de la Guardia Civil, descubre que la aparentemente apacible relación de ambos no se desarrolla como parece, sino que Tomás está involucrado en un oscuro asunto de corrupción y desaparición. Pero, la actitud de Amadeo ante la historia se basa esencialmente en la protección de su hija y del honor de la familia que no debe quedar dañado ante los ojos de la gente. Así pues, esta  historia interna protagonizada por algunos de los personajes  ( Esteban -Carmelo Gómez-, Gabi -Judith Diakhate-, Tomás y Pedro -Mariano Alameda-) es ignorada por los demás. Gabi ha sufrido un intento de violación y todavía en estado de shock ha creído reconocer a su agresor. Las consecuencias serán fatales pero la verdad ya no importa desde el punto de vista de Amadeo, qué ha pasado no tiene ningún sentido cuando la lealtad y respetabilidad está en juego, por ello éste advierte a Tomás: “He dejado el cuerpo. No quiero oír nada, nunca. Y, sobretodo, ni se te ocurra decir ni una palabra a Raquel”. Ésta es una de las escenas con las que concluye “La noche de los girasoles”, un film que trasciende los géneros puros para situarse en una posición entre el cine negro, el drama rural, la historia de amor… o como el espectador quiera reconocerlo, ya que, si miramos el interior de esta historia,  los temas abordados son infinitos y tienen en sus orígenes todo el peso de la tradición cinematográfica española.

14
abr
09

Cine Negro

El cine negro, ese tesoro nacional estadounidense, pertenece en parte a unos cuantos centroeuropeos llegados a Hollywood durante los años veinte y treinta, en diferentes oleadas de emigración, para confluir en la posguerra con la narrativa de Dashiell Hammet o Raymond Chandler: no sólo directores  como Fritz Lang o Robert Siomak, sino también decoradores como Hans Dreier o directores de fotografía como Eugen Schuftan, ambos de procedencia germana.

Podemos definir seis fases que mostrarían el cambio y las posibilidades narrativas y artísticas de este género usado por la crítica cinematográfica para describir una clase de cine con una definición  bastante imprecisa y cuya diferenciación de otros géneros como el cine de gángsters o el cine social es sólo parcial.

Los primeros pasos del género: El Gangster film
Transcurre en los Estados Unidos durante la época de los años 30. Se caracteriza por el reflejo de la lucha contra el crimen organizado. Así pues, encontramos una crónica social dentro de las pantallas de cine. Cuando Roosevelt llega a presidente el 1933, el país comienza a luchar contra la crisis y de esta manera se pierde la visión romántica del gángster.

Este subgénero primitivo fue para muchos críticos el “ciclo fundacional” de las posteriores fases que se llevaron a cabo durante los siguientes veinticinco años:

“Sociología del gangsterismo”. Tuvo lugar en la segunda mitad de los años 30 y desarrolló:
1. El cambio de protagonista de gángster a policía (Contra el imperio del crimen, 1935, de William Keighley)
2. La infiltración de la mafia en los negocios honorables (Bullets or Ballots, 1936, de William Keighley)
3. La introducción del destino redentor del gángster (Ángeles con caras sucias, 1938, de Michael Curtiz)
4. La reconstrucción global de la historia del gangsterismo (Los duros años 20, 1939, de Raoul Walsh)

“Neogangsterismo en versión film noir”. Se llevó a cabo durante la segunda mitad de los cuarenta aproximadamente. Presenta a un gángster que se encuentra en una determinada situación (al margen de la ley) debido a las circunstancias sociales, patológicas y amorosas.

El “ciclo presidiario” y el “ciclo de denuncia social”
Entre los años 1932 y 1934 podemos observar como se mezclan elementos propios del género con otros de naturaleza melodramática .

Posteriormente, entre 1950 y 1958 encontramos películas más recientes en las que los directores pueden llevar a cabo denuncias más libremente. Un ejemplo es la película Sin remisión, 1950, de John Crowel que trata el tema de las cárceles de mujeres.

El Film Noir clásico
Este ciclo policial, que en su primera etapa abarcaría toda la segunda mitad de los años 30, conoció otras dos importantes vertientes:

1. Expresión documental sobre los estilos policiales
2. Crítica a las instituciones policiales y a los policías

El film noir clásico aparece tras la etapa gángster film, aunque no cambia de manera relevante la estructura de las películas, es la responsable de la aparición de un nuevo tipo de héroe: el policía íntegro y el incorruptible agente federal del ciclo policial. Destacan películas como La ciudad desnuda (1948) de Jules Dassin o Los sobornados (1953) de Fritz Lang.

Cartel de la película Los sibornados de Fritz Lang

Cartel de la película "Los sibornados" de Fritz Lang

El ciclo detectivesco
El escritor Raymond Chandler describió mejor que nadie la figura del detective privado:

Es intuitivo y conoce bien a las personas ya que de no ser así, no podría realizar bien su trabajo. No aceptará nunca deshonestamente el dinero de los demás y responderá a cualquier insolencia con una venganza justa y desapasionada. Se trata de un hombre solitario y que desea ser tratado como un individuo con orgullo. Habla como los personajes de su tiempo, es decir, con cierta rudeza, pero también dando muestras de ingenio y sentido del humor. Muestra un vivo sentido de lo grotesco, desdén por la mentira y la simulación y un profundo desprecio por la mezquindad.


Esta etapa llega con los años 40. El personaje del detective privado fue creado por los escritores Dashiell Hammet y Raymond Chandler. Para la mayoría de los espectadores, el detective privado va inexorablemente unido a la figura del actor Humphrey Bogart.

La serie criminal
También se asienta en la década de los años 40 pero su forma estructural es diferente:

Historias enclavadas en el ciclo presidiario o en el héroe representado por el americano medio. La psicología del asesinato es la característica fundamental. Alfred Hitchcock, con su incisiva y sardónica mirada del carácter humano, empieza esta fase con Sospecha (1941) y La sombra de una duda (1943), pero la psicología criminal adquirirá su más brillante complejidad a partir de 1944, con Perdición, de Wilder y La mujer del cuadro de Lang (analizada íntegramente en este trabajo), cuando aparece la femme fatale.

Orson Welles y Rita Hayworth en la película La dama de Shanghai (1947)

Orson Welles y Rita Hayworth en la película "La dama de Shanghai" (1947)

De los sesenta a los noventa: mestizaje, pastiches y homenajes
El término film noir fue utilizado en la década de los sesenta para referirse a un género que vivió momentos mejores en las décadas precedentes .En estos años el cine negro vivió una crisis de producción. Se ensayaron toda clase de procedimientos para renovar las técnicas, desarrollar nuevos personajes y crear diferentes historias, pero todo parecía ya visto.

En los años setenta se produjo un “reaparecer” del cine negro pero, esta vez, en forma de homenaje. Lo que se hacía por estos años era claramente opuesto a lo que se hizo en los 40: grandes presupuestos para recrear no el ambiente del universo “negro”, sino para calcar el ambiente de las películas que lo recreaban. La tecnología y el color se establecían eliminando de forma general el blanco y negro y la censura. En muchos casos los directores cumplían una utopía: llevar a cabo las películas con las que habían crecido. Podemos destacar algunas películas de esta década como: El largo adiós (1973) de Robert Altman y Adiós, Muñeca (1975) de Dick Richards.

Por otra parte, en la vertiente del gangster film podemos considerar diferentes películas de esta época como joyas del cine negro: la saga de El Padrino (1972) de F.F. Coppola, Chinatown(1974) de Roman Polansky y The Late Show (1977) de Robert Benton.

Cartel de la película Chinatown de Roman Polansky

Cartel de la película "Chinatown" de Roman Polansky

En los años ochenta volvemos a ver un intento por recuperar el cine clásico. Así pues podemos encontrar películas homenaje, pastiches, remakes, etc. Destacan algunas películas como Hammett (1983), de Wim Wenders, Blood Simple (1984), de Joel Coen o Kill Me Again (1989), de John Dahl, entre muchas otras.

Una década más tarde, el cine negro ya es casi un mito. Los años noventa recurren al mestizaje de géneros y la voluntad de homenajear. Podemos citar películas que responden de una manera u otra a estos intentos por considerar una vez más al cine negro dentro de la filmografía: El ojo público (1992) de Howard Franklin, Reservoir Dogs (1992) de Quentin Tarantino, Al caer el sol (1996) de Robert Benton, etc.

En Europa también se han dado casos de cine negro bastante destacable:

EL CINE NEGRO EN ESPAÑA
En la segunda mitad de la década de 1950, el cine español encontró en el cine negro, en especial en el thriller o en las películas de suspense toda una vena creativa, no demasiado censurado por las autoridades franquistas, y muy atractivo para el público. Destacan directores como Antonio Isasi-Isasmendi (La huida, 1957), Francisco Rovira Beleta ( Los atracadores, 1961) y Vicente Aranda (Fata Morgana, 1966), por citar algunos de los más conocidos.

Posteriormente, encontramos más ejemplos de cine negro que realizan un pastiche de elementos como podría ser El Crack (1981) y El Crack 2 (1984)  de José Luis Garci; La Caja 507 (2002)de Enrique Urbizu; por citar algunos ejemplos bastante actuales que constituirían casi una excepción dentro de las producciones realizadas en los últimos años por el cine español.

EL CINE NEGRO EN FRANCIA
El cine negro francés es conocido popularmente como “polar”. Sus ingredientes incluyen cierta complejidad y ambigüedad en el retrato de personajes, sin “buenos” y “malos” nítidamente diferenciados y una atención hacia psicologías y ambientes sociales antes que a la construcción de un enigma. Destacan algunas películas clásicas como Les diaboliques (1955) de Henri-Georges Clouzot y A bout de soufflé (1959) de Jean-Luc Godard y otras más actuales como L.627 (1992) de Bertrand Tavernier.

Sin embargo, si hay un director representativo de esta corriente es, sin lugar a dudas, Jean Pierre Melville. Creador de varias obras maestras entre las que cabe destacar Círculo rojo, Bob le Flambeur y, sobre todo, El silencio de un hombre. Su dominio de la puesta en escena así cómo su magistral retrato psicológico de personajes, huyendo siempre de subrayados innecesarios, hacen de Melville una figura a recuperar.

Cartel de la película Círculo Rojo de Jean Pierre Melville

Cartel de la película "Círculo Rojo" de Jean Pierre Melville




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