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Feb
10

Loquillo: comentarios acerca de 30 años de carrera

“Tuve muchos nombres, me vieron con otra cara pero siempre fui yo marcando una línea clara” (Loquillo, 2008)

Portada del recién publicado recopilatorio de Loquillo

El fin de semana pasado me decidí a ir a Nueve Tragos, la sede oficial de Loquillo en Valencia. Sabía de su existencia aunque no su ubicación pero convencido de escribir sobre Loquillo -tomando como excusa la publicación del recopilatorio Loquillo – Rock and Roll Star (1980-2010)- pensé que sería bueno empezar bebiendo en una de sus sedes. Nueve Tragos es un pub perfectamente ambientado con casi todas aquellas cosas que conforman el amplio imaginario de Loquillo. Un cartel luminoso a la puerta, un coche de choque en la entrada, una jukebox, una mesa de billar y muchísimos cuadros y carteles. Portadas de discos en las paredes, singles y fotografías, carteles de cine clásico (Los Pájaros, La Ventana Indiscreta, James Dean, Humphrey Bogart…) y un enorme cuadro de Edward Hopper. Un espacio lleno con gente de todo tipo y, como no, suena una canción de Loquillo.

Nos acordamos en broma de su presentación de Compañeros de Viaje (2007): “Hola amigos. Este hoy es mi club privado…para mis amigos.” Mientras, combinan las canciones del Loco con M-Clan, con los Stray Cats, con Ariel Rot y con el último disco de Fito. Empieza un tema nuevo…tardo un poco en reconocerlo. Las dudas desaparecen cuando llega el estribillo: “Tuve muchos nombres, me vieron con otra cara pero siempre fui yo marcando una línea clara.” Es uno de sus últimos ejercicios de autoafirmación. Unos versos de Línea clara que ponen de manifiesto la conciencia que Loco tiene de sí mismo y de sus personajes. Fascinado por la imagen del pájaro loco, José María Sanz adoptó el nombre de Loquillo para encarnar, sin miedo a la contradicción, personajes distintos y antagónicos que dificultaran su encasillamiento.

La Mafia del Baile, Tiempos Asesinos y Arte y Ensayo; hay aproximadamente 10 años entre disco y disco.

Rocker seguidor de Eddie Cochran y Vince Taylor; crooner en la línea de Dean Martin, Tony Benett y Frank Sinatra; defensor de la tradición europea de Jacques Brel, Adriano Celentano y Johnny Halliday y amante de la cultura capaz de hacer dos discos de poesía con la inestimable colaboración de Gabriel Sopeña (La vida por delante (1994), Con Elegancia (1998)). La Mafia del baile (1985), Tiempos asesinos (1996) y Arte y Ensayo (2004) son tan sólo tres ejemplos de la heterogeneidad presente en la discografía de Loquillo ya sea en solitario o con sus Trogloditas.

En la nueva versión de The Man in Black –regrabada con videoclip incluido- con motivo de la publicación de Loquillo – Rock and Roll Star (1980-2010), Loquillo vuelve a rodearse de amigos; Calamaro, Jaime Urrutia y Bunbury con quienes ya grabó ¿Dónde estas? en el 2002. En esta versión Loquillo ha suavizado el sonido más country que tenía su versión original, así como las grabaciones en directo, apostando por un enfoque roquero más llano.

The Highwayman, una de las influencias decisivas de Loquillo

En el libro Un alto en el camino. Conversaciones con Loquillo (Juan Puchades, 2001), Loquillo recuerda la época en la que se marchó a vivir al país vasco dónde grabó Mientras Respiremos (1993), disco que incluyó El hombre de negro: “Mi influencia determinante en esos años es Kris Kristofferson, comienzo a escuchar sus discos, a leer sobre él, me doy cuenta de que existe un rock adulto: del tipo que ha vivido la vida y al que no hay nada que contarle. Es una referencia en mi carrera a la hora de hacer, y empiezo a descubrir a los cantautores country como Walylon Jennings, Willie Nelson, Johnny Cash… Tomo la actitud de Kris Kristofferson, aunque musicalmente me encuentro más cercano a Johnny Cash. De ahí que grabara El hombre de negro.” La puesta en escena del clip con tres cantantes fugados de la cárcel –más Bunbury en pantalla de móvil- en un paisaje desértico recuerda a The Highwaymen, el grupo que formaron los cuatro hombres citados: Johnny Cash, Willie Nelson, Waylon Jennings y Kris Kristofferson bajo la idea común de outlaw country.

A lo largo de estos treinta años, Loquillo ha sabido agruparse junto a sus compañeros, rodearse del talento de compositores y músicos como Sabino Méndez, Gabriel Sopeña, Carlos Segarra o Igor Paskual y Jaime Stinus –actuales miembros de la formación- para que le ayudasen a dar vida a sus personajes.  Sin ellos, su carrera no hubiera sido la misma ya que son autores –sobre todo Sabino- de un buen número de sus éxitos. Loquillo no ha sido nunca un extraordinario cantante, ni siquiera es músico pero sí un frontman poderoso y con ideas claras que ha sabido reunir talento en múltiples formaciones autoerigiéndose como líder de una generación.

Sin duda, Loquillo forma una parte importante de la historia de la música española y, a lo largo de estos 30 años, ha sabido evolucionar como artista sin quedarse anclado en clichés usados. Su último trabajo es Balmoral (2008), un disco que ha recibido grandes críticas de la prensa musical. Balmoral era un bar muy apreciado por Loquillo que ha sido recientemente cerrado y que homenajea con tristeza. El disco está marcado por un enfoque intimista, por la colaboración con Johnny Halliday y, para alegría del rock and roll clásico, por la participación de Carlos Segarra en soy una cámara.

Mientras tanto, Loquillo presta su imagen para el cartel del Festival de Cine de San Sebastián, produce obras de teatro, ejerce de productor en el documental de su pareja Mujeres en pie de guerra (Susana Koska, 2005) centrado en testimonios de la Guerra Civil y sigue colaborando con artistas como Kepa Junkera y grabando Que tinguem sort de Lluis Llach. Polémico como siempre, Loquillo sigue defendiendo a tantos nombres: Jaime Gil de Biedma, Luis Alberto de Cuenca, Ovidi Montllor, Pepe Risi, Paco Ibáñez además de los comentados y los que olvido… Para terminar, rescatamos a modo de resumen otra de las respuestas de Loquillo en Un alto en el camino. Conversaciones con Loquillo (Juan Puchades, 2001) marcada por su habitual seguridad en sí mismo.

“He grabado trece discos de rock and roll que han marcado a varias generaciones, y marcarán a más, dos discos de poesía, y vendrán más discos de poesía, es la primera vez que se juntan los dos extremos: un disco de jazz hecho por un tío que no sabe de música, que nunca ha aprendido a ser buen cantante y que defiende a muerte su personaje en cada momento, y encima tengo la capacidad de poder representar a personajes distintos.”

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