Archive for the 'Cine' Category

13
Jul
10

Las 2 vidas de Andrés Rabadán (2009) o las múltiples caras de nuestra sociedad

Cartel de la película "Las dos vidas de Andrés Rabadán"

El guionista, productor y director de cine Ventura Durall se adentra por primera vez en el mundo de la ficción con un largometraje titulado Las 2 vidas de Andrés Rabadán (2009). Tras llevar a cabo un documental titulado El Perdón (2008), también basado en la historia de A. Rabadán, Durall vuelve a investigar según sus propias palabras en  “la importancia de las propias vivencias en la formación del yo, el sentimiento de culpa, la capacidad de cambiar la propia estructura y la fuerza redentora del amor” (1).

La historia que nos ofrece este autor se sitúa en la fina línea que separa el umbral de la ficción y la realidad, ofreciendo un film basado en hechos reales, donde lo que se cuenta podría situarse seguramente a ambos lados de este incierto soportal. El guión de esta película ha sido escrito por Ventura Durall (con la colaboración de Enric Àlvarez y Andrés Rabadán); basado parcialmente en los libros Històries des de la presó y Curset DEVI, de Andrés Rabadán; y desarrollado con la ayuda del Centre de Desenvolupament Audiovisual.

Durall se centra en Andrés Rabadán, conocido como “el Asesino de la ballesta”, después de asesinar a su padre con el arma que le valió el mote y hacer descarrilar tres trenes cuando tenía 19 años. Interpretado de manera sobria y destacada por Àlex Brendemül que después de haber protagonizado al anónimo asesino en serie de Las horas del día (Jaime Rosales, 2003), se reencuentra con un personaje similar, pero esta vez mediatizado y vuelto de rosca ya que está en plena inserción social. Éste se encuentra en un momento crítico de su existencia, es decir, el undécimo año que pasa en el psiquiátrico penitenciario donde está cumpliendo una condena de veinte. En este punto aparece Carmen (Mar Ulldemolins), una auxiliar que provoca en Rabadán un cambio importante de actitud que –junto al curso de integración DEVI al que el protagonista acude en el centro penitenciario- adentra al personaje en un viaje interior en el que intenta llegar al fondo de sí mismo y comprender por qué cometió aquél asesinato. Mientras tanto, somos testigos de una peculiar historia de amor entre estos dos personajes, llena de obstáculos, silencios, enemigos y dudas.

En un orden de importancia similar encontramos otros personajes como Sarah (Clara Segura), médica recién llegada a este centro penitenciario y única persona capaz de escuchar y comprender la incertidumbre de Carmen, que también es nueva en su puesto de trabajo. Parece que una mirada nueva sobre el microcosmos que supone esta prisión sirve al director para reflexionar sobre la necesidad o no de este tipo de lugares y la (in)competencia de los algunos de los funcionarios que trabajan en éstas. Entre estas figuras destacan Eva (Cristina García), compañera de Carmen y “Matahari”  (Emilio Mencheta), trabajador apodado así por los internos y  persona encargada de la seguridad y el orden. La utilidad o no de estas condenas y de este sistema penitenciario se pone en entredicho a lo largo de la película y del recorrido que realiza Rabadán junto a su compañero Jordi (Andrés Herrera), personaje cuya mayor ambición es conseguir dar rienda suelta a sus deseos sexuales y sentimentales. Este sentimiento, que será su motor durante toda la película gracias a sus futuras relaciones con Jessi –un personaje femenino que el espectador no llega a ver- y que al verse truncadas provocarán el suicidio de éste.

Todos los elementos de esta trama tienen cabida en un montaje, fruto del trabajo de Martí Roca, que comienza con una introducción en la que Rabadán llega al patio del centro penitenciario, con síntomas claros de estar bajo una fuerte medicación. Segundos después, otro preso le golpea fuertemente hasta tirarlo al suelo, bajo la atenta mirada del resto de presos, sin que el protagonista oponga ninguna resistencia. En segundo lugar, el espectador puede ver el plano de unas palomas que picotean pan en un charco; y una música que suscita cierta tensión sirve de transición para leer unos créditos en los que se explica el contexto de los hechos ocurridos, de los cuales se hicieron eco los medios de comunicación. El texto comienza así: “En el año 1994, Andrés Rabadán se entregó a la policía después de hacer descarrilar tres trenes y matar a su padre con una ballesta…”. Dan comienzo unos títulos de crédito que se intercalan con  planos que nos muestran el tren descarrilado, dibujos entre los que encontramos una relación clara con lo siniestro, fruto de la esquizofrenia que sufría el protagonista y la amargura producida por un padre que maltrataba tanto a su mujer como a su hija; e imágenes de archivo del momento en el que Andrés Rabadán se entregó a la policía tras cometer los delitos ya explicados. Si El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973) nos ofrecía las claves de la trama a partir de dibujos realizados por sus niñas protagonistas, Las 2  caras de Andrés Rabadán (Ventura Durall, 2009) nos ofrece un collage de la situación que vive y ha vivido el protagonista, elemento indispensable a la hora de adentrarnos en este híbrido entre el drama y el cine negro. Así, comienza una película en la que lo primero que el director nos deja ver es, a través de un falso plano-secuencia -compuesto por un movimiento de cámara descendente y un ligero zoom out-, aquello que Rabadán observa desde su prisión: el cielo, una reja y al fondo, Montserrat.

Por otro lado, la película se ilustra con flashbacks de la vida de Andrés: conversaciones con su familia, momentos de su infancia e incluso, el asesinato de su padre. Esta última escena, resuelta con un plano fijo, muestra un suspense pudoroso en el que no vemos el cadáver del padre. También ocurrirá de este modo cuando Jordi se suicide, ya que solamente veremos el dolor de Rabadán (elipsis visual). Pudor que no se muestra a lo largo de toda la película, caracterizada en ocasiones por duros planos de la violencia que se ejerce sobre el protagonista. Estos recuerdos ilustrados con flashbacks llegan a su mente tras pasar por el curso  en el que debe entender “por qué hizo lo que hizo”, intentar explicárselo a Carmen o como consecuencia de algunas de las situaciones que vive. Así pues, la muerte de su amigo Jordi le sitúa en la cocina de la casa de su hermana. Si el padre de Rabadán violaba a su hermana es un hecho que se insinúa a partir de esta escena y que, desde luego, tortura mentalmente a un personaje en plena angustia existencial.

Los personajes de Andrés y Carmen en una escena de la película

Los personajes de Andrés y Carmen en una escena de la película

Las transiciones que conectan los flashbacks con escenas en el centro penitenciario se suelen producir gracias a ciertos sonidos claves en esta película: el ruido del tren y el rotundo cierre de las puertas de la prisión. De hecho, este sonido será el que marque el final de la película tras someter al protagonista a un test sobre su vida por duodécima vez. También las imágenes de Montserrat sirven como hilo conductor en una película en la que existen tres localizaciones fundamentales: por una parte, el centro penitenciario y aquello que se ve desde la ventana de éste (Montserrat). Por otra parte, las situaciones del pasado del protagonista, es decir, su casa, la casa de su padre, la casa de su hermana y las vías de los trenes que hizo descarrilar. En éstas se muestra  de qué manera llevó a cabo esta acción Andrés, con la ayuda de una sierra. Por último, sirve como localización fundamental los viajes de Carmen en los coches de Eva y Sarah desde el centro penitenciario hasta su casa.

El protagonista planea una fuga que también será un punto de continuidad a lo largo de la película. Por esta razón, Rabadán pasa las horas muertas asomado a la ventana de la cárcel,  afilando un pincho de hierro con el que consigue romper las rejas de su celda. Después de ser protagonista de tres huídas, todos los profesionales de la cárcel, incluido el director, dudan de la credibilidad de Rabadán. Se trata de funcionarios cuya desconfianza se muestra en esta película como incapacidad a la hora de ponerse en la piel de los enfermos. Esta insuficiencia solamente es superada por la ingenuidad de la psicóloga (Elena Fortuny) que escribe en la pizarra “¡Siempre positivos!”, la médica recién llegada que aconseja a Carmen, personaje que se enamora de Rabadán, con las siguientes palabras:  “Intenta no juzgarlos por lo que hicieron.  Facilita el trabajo”.

El personaje de A. Rabadán en una escena significativa. Ésta tiene lugar en dos momentos de la película

El personaje de A. Rabadán en una escena significativa. Ésta tiene lugar en dos momentos de la película

La mirada fría, distante y a la vez comprensiva de Durall nos adentra en un análisis de los personajes, clave para entender las subtramas que intentan explicar el por qué de ciertos aspectos del comportamiento humano como la culpa o las “enfermedades mentales”. De esta manera, la hermana del protagonista (personaje interpretado por Tania Roman) se siente culpable después de haber dejado a Andrés solo en casa de la figura paterna. Éste, interpretado por Boris Ruiz, es mostrado como una persona que “destroza todo”, insoportable, es decir, un maltratador que el protagonista tuvo que aguantar durante diez años de convivencia. ¿Podría ser éste uno de los motivos por los que Rabadán llevo a cabo aquellos horribles delitos? La respuesta queda en el aire, ya que esta película se basa en plantear preguntas que podrían tener diferentes respuestas, es decir, verdades con diferentes caras, como las dos caras de Andrés Rabadán. Porque, sí es cierto que los matices de la historia cambian según el ángulo desde donde la mires. Por una parte están las víctimas del delito y por otra el asesino cuyas circunstancias le hacen único. Pero la cuestión no queda aquí ya que los medios de comunicación, la imagen que ofrece al exterior el centro penitenciario y, fundamental, la opinión pública, es decir la visión que la sociedad tiene sobre los hechos, influyen a la hora de tomar decisiones sobre el protagonista.

Finalmente, no parece que solucionar el problema del asesino –para que no vuelva a delinquir- sea aquella acción más importante en el interior del centro penitenciario. Existe algo mucho más importante: dar ejemplo, una imagen de que todo está controlado y sobre todo, dejar claro quiénes son los buenos y quiénes son los malos a través de la televisión. Esta última cuestión es una de las bazas del director, que aprovecha la ambigüedad absoluta de los personajes –tanto dentro como fuera del psiquiátrico- para mostrarnos una historia con tintes de cine negro, donde queda demostrado como, al estilo de Fritz Lang, cualquiera podría ser el asesino. Si a esto le añadimos una fotografía cuidada en la que predominan los claro-oscuros y los contrastes (especialmente dentro de la cárcel) que se oponen a la absoluta luminosidad de los médicos y sus despachos, estamos ante una película gris, cruda y que toma partido ante un hecho: la falsedad con la que se construyen los hechos sociales y su espectacularización en los medios de comunicación masivos.

Finalmente, Carmen será el hilo conductor del futuro de A. Rabadán

Finalmente, Carmen será el hilo conductor del futuro de A. Rabadán

26
Ene
10

“Me interesa Woody Allen como director de cine y como fenómeno cultural”

Celestino Deleyto

Celestino Deleyto

El pasado día 20 de enero, el profesor y escritor Celestino Deleyto presentó en la Filmoteca de Valencia el libro Woody Allen y el espacio de la comedia romántica. Tras el acto, se proyectó la película Annie Hall (1977), debido a su clasificación en el género de la comedia romántica y su relación con el libro ya nombrado. Quizá, uno de los méritos más destacados de este autor sea su aproximación a las películas de W. Allen desde una perspectiva fílmica; lo que le ha permitido desarrollar un estudio genérico y textual de la obra del genial autor neoyorquino. Tal y como afirma el autor del libro que nos ocupa: “A mí, realmente no me interesa la vida de Woody Allen. Me interesa Woody Allen como director de cine y como fenómeno cultural.”

Diane Keaton y Woody Allen en una escena de la película Annie Hall

Diane Keaton y Woody Allen en una escena de la película Annie Hall

Por supuesto, esta afirmación deja fuera de interés a una mayoría de público interesado en las supuestas excentricidades de la vida de este autor. Sin embargo, Allen consciente del momento “espectacularizado” que nos ofrecen los medios ha sabido dotar a su imagen pública de una “indiferencia” o “falta de morbo”, gracias a una muestra de sentido del humor -a veces intelectualizado o absurdo- que deja sin palabras a todo aquél que necesite acercarse al director desde su intimidad personal. Sus discursos (en premios), algunas entrevistas y documentales (como Wild Man Blues, Barbara Kopple -1990-) ofrecen una cara muy diferente y “simplista” respecto a la genialidad de sus películas. Es por esta razón que Pablo Fernández García afirma “donde W. Allen nada, Sylvia Plath se ahoga”, aprovechando el comentario que Alvy Singer (personaje protagonista de Annie Hall -Diane Keaton-, interpretado por Woody Allen) realiza en una escena de la película  proyectada el pasado día 20 en la filmoteca. El artículo al que hago referencia es, en mi opinión, uno de los más bellos estudios realizados sobre el director y muestra esta cara del autor capaz de ofrecernos un sentido del humor inteligente en uno de los momentos más amargos de la existencia diaria -y burguesa, por supuesto-, el declive de las relaciones personales.

¿Por qué razón Allen sobrevive aparentemente despreocupado respecto a toda polémica que se cierne sobre él? ¿Será que al final su vida y su obra no van absolutamente cogidas de la mano? Sinceramente, no lo sabemos, ni debería importarnos mientras podamos disfrutar de sus películas. Como dice Celestino Deleyto, no es la vida personal de Woody Allen lo que nos interesa, sino “sus películas en sí mismas” y su espléndido sentido del humor.

Otros textos de Celestino Deleyto

21
Ene
10

Francisco Elías: pionero del cine sonoro en España

Francisco Elías

La biografía de Francisco Elías constituye un apasionante, pero tristemente olvidado caso en la industria del cine español. Tras sus viajes por EEUU y Europa, Paco Elías vuelve a España para realizar Fabricante de suicidios (1928) y la reconocida como primera película sonora del cine español: El misterio de la puerta del sol (1929). Esta película estuvo perdida durante muchos años y actualmente no se conserva entera.  En ésta podemos  observar una mezcla de “fascinación por la máquina” (lugares fabriles, cadenas de montaje) y un “surrealismo expresivo” propio de la época, donde los juegos de palabras (“pimpoyo”, “bambolino”, “La chula de Mataró”) dan un toque humorístico.

Posteriormente, en 1932, junto a Camille Lemoine y José Mª Guillén García, Elías crea en Barcelona los primeros estudios sonoros del cine español. De esta manera, queda atrás la dictadura de Primo de Rivera, nunca debemos olvidar el peculiar contexto del cine español, para adentrarnos en la II República, una de las épocas culturalmente más activas de la historia española. Verán la luz muchas películas de Elías entre las que destacan: Pax (1932), El último día de Pompeyo (corto de 1932), Boliche (1933), Rataplán (1935) y María de la O (1936). Desraciadamente, en 1938, cuando la guerra ya estaba perdida para la República, Elías emigra a México donde también es rechazado por el resto de exiliados debido a su ambigua cualificación política.

El Misterio de la Puerta del Sol

El Misterio de la Puerta del Sol

Las memorias de Elías, testimonio fundamental de la época, fueron rechazadas por la “censura solapada de algunos miembros de los comités de redacción de las editoriales”, según firma José Mª Caparrós Lera en su libro Memorias de dos pioneros (1992). En éste se puede leer una síntesis de dichas memorias junto a las de Fructuós Gelabert (trabajador incansable del artilugio cinematográfico) cuyo reconocimiento institucional comenzó a vislumbrarse tras la muerte de Franco. Elías recibió del rey Don Juan Carlos I la encomienda del Mérito Civil. Emocionado, Paco Elías comentó: “Después de muerto cebada al rabo”. Al poco, subió Adolfo Suárez al poder. El acto conmemorativo, que se celebró en Barcelona a cargo de Joan Francesc de Lasa en octubre de 1976, tuvo un carácter entrañable y como consecuencia, éste publicó una monografía sobre Elías titulada Francisco Elías. Pionero del cine en España (Madrid: Filmoteca Nacional, 1976).

Caserón del film El Misterio de la Puerta del Sol

Caserón del film El Misterio de la Puerta del Sol

[Imágenes extraídas de http://historias-matritenses.blogspot.com]

Sin embargo, según cuenta José María Caparrós Lera, el talón entregado a Elías -con valor de cien mil pesetas- de parte del Ministerio de Información, serviría para comprar los derechos de sus Memorias, cosa que supuso un engaño oficial. La Administración quería cobrarse el “donativo”, pero Elías no lo permitió y las dudas sobre su pensión también siguieron en el aire hasta que le sorprendió la muerte. La historia del cine español y nuestra industria cinematográfica ha ignorado a un auténtico pionero del aparato cinematográfico. Por supuesto, durante los últimos años se han realizado publicaciones que recuerdan incansablemente la figura de este genial autor.  Pero nuestra industria y el plano institucional nunca han puesto a la figura de Francisco Elías en el lugar que se merece, al aldo de otros pioneros del cine como pueden ser los hermanos Lumière o Edison entre otros.

15
Ene
10

500 días juntos: Crónica fragmentaria de una historia de desamor

Esta es una colaboración de Fran Ayuso, que ya colaboró con nosotros en la grabación de uno de los vídeos del concierto de Yann Tiersen (3/4). Encontraréis, al menos en cuanto a música, un enfoque distinto al que tenemos habitualmente en Tránsito.

Chico conoce chica. Esta fórmula tiene toda la pinta de estar agotada, por lo que nadie esperaría nada nuevo de una película que se anunciara así. Pero, si a continuación nos advirtieran de que no es una historia de amor, habría que descartar los esquemas previos y prepararse para la sorpresa. Esto es lo que ha hecho Marc Webb en su debut como director. Y no es el primero. Ya en 1984 Leos Carax tituló su primer film precisamente así, Boy Meets Girl, para presentar una historia de amor romántico de forma muy singular e innovadora, con influencias tan diversas como Chaplin, Godard o Dreyer. Marc Webb contaba, para enfrentarse a su primer trabajo, con su experiencia como director de videoclips para gente tan variopinta como Evanescence, My Chemical Romance, Snow Patrol o Fergie. Pero no por eso se ha quedado corto y en su película se pueden encontrar referencias a la “Novelle Vague”, a Bergman o a El Graduado.

500 días juntos
es una comedia romántica que sorprende desde el principio, desde la dedicatoria inicial que él (narrador) le dedica a ella: “especialmente para ti, zorra.” Y sobre todo, por atreverse a subvertir el género, presentando a un chico que cree ciegamente en el amor, cursi y algo bobo, frente a una chica tenaz, descreída y amante del porno.  Además, este cóctel novedoso está presentado de forma fragmentaria y rompiendo la linealidad del relato, saltando alternativamente, y  sin ningún orden aparente, por algunos de esos 500 días. Esto permite que se puedan crear situaciones originales y sorprendentes, como en la fiesta en la que, mediante la partición de la pantalla, vemos por una parte lo que ocurre realmente y por otra las expectativas del chico. O, cuando en el momento de la ruptura ella establece una comparación con la pareja formada por Sid y Nancy, pero no como cabría esperar: “No, yo soy Sid, tú eres Nancy”. A modo de boutade, se podría decir que 500 días juntos es la Annie Hall de la época de los Facebook, Tuenti o Flickr.

Para acabar de redondear el, ¿envenenado?, pastel la banda sonora es una delicia pop. Empezando por los Smiths, “There is a light that never goes out” es la culpable de todo este embrollo, y siguiendo con Doves, Feist, Hall and Oates, Simon & Garfunkel o el “Sweet Disposition” de The Temper Trap, una de las mejores canciones del año. Además de referencias a Belle and Sebastian, Pixies o Jesús and Mary Chain. Por todo esto, 500 días juntos va camino de convertirse en la película de culto del 2009. Avisado estás.

05
Dic
09

Buscando a Eric (Ken Loach, 2009)

A pesar de ser categóricamente rechazado por una parte de la crítica especializada, Ken Loach es, sin duda, uno de los grandes directores de la actualidad. Dedicado a la dirección audiovisual -tanto en televisión como en cine- desde hace más de 40 años, Ken ha logrado mantenerse en el difícil mundo del cine (europeo) película tras película y, a menudo con lo que a mi juicio debe considerarse un valor añadido: abordar personajes anónimos pero representativos para criticar el mundo en que vivimos. Este es uno de factores que quizás ha impulsado la indiferencia de algunos críticos; utilizar el arte para hacer realismo social y tener una actividad política manifiesta.

En Buscando a Eric, Loach trabaja con su habitual guionista Paul Laverty y se alejan de los planteamientos más políticos y dramáticos de sus últimas películas (En un mundo libre… y El viento que agita la cebada) para combinar drama y humor. La película se centra en la vida de un trabajador de correos al borde de la desesperación absoluta. Eric Bishop (Steve Evets) es un fanático del fútbol, separado y que trata de convivir con sus dos hijastros que se verá obligado a hacer frente a su pánico, a arriesgarse y actuar para enfrentarse con su propia vida y su pasado; su ex-mujer y sus hijos. Para ello se apoyará en sus amigos y compañeros de trabajo pero, sobre todo, en su héroe Eric Cantona con quien conversará filosóficamente acerca de sus opciones y su vida entre copas de vino y cigarrillos de la risa.

El futbol ocupa un papel importante en la película pero no de una forma cargada sino siendo conscientes de que, como dicen en la película, “los partidos de fútbol son el único sitio en que uno puede juntarse con sus amigos a gritar,” un espectáculo dónde el individuo se olvida de sus problemas durante dos horas. Los momentos más tensos de la película están ligados a la historia de uno de los hijos de Eric Bishop que sin saber casi como queda atrapado en la red del gangster local. Por otra parte, los amigotes de Eric -aquellos con los que trabaja, ve el futbol y comparte terapia (magnífico personaje el de Meatballs) se encargan de darle a la historia un final feliz, cómico y emocionante cuando crees que esta sólo puede terminar mal. A veces, parece advertirnos esta comedia, las cosas pueden salir bien aunque se hayan puesto muy feas. Ese momento de redención personal y colectiva que supone la Operación Cantona es un desenlace valiente que, a la vez, satisface al espectador.

Personalmente, uno de los aspectos que más me ha gustado es la presencia del rock ‘n’ roll en el relato. Eric Bishop era un buen bailarín de rock ‘n’ roll, así conoció a Lily. Eric recuerda sus zapatos de gamuza azul (Blue Suede Shoes) que terminan volviendo a brillar, los bailes de It’s Late y High Shcool Confidential y Cantona, en uno más de sus dichos, le recuerda con un perfecto doble sentido que uno nunca olvida el rock ‘n’ roll. En definitiva, Buscando a Eric es una película muy recomendable con la que el espectador llega a reírse y emocionarse a partir de una situación dramática y creíble de un trabajador de correos al que un día le dio pánico enfrentarse a la vida.

 

28
Nov
09

“La noche de los girasoles” y una cierta tradición: lo rural y el honor

Escena de “Carne de fieras” de Armand Guerra

Tanto Cifesa como Filmófono son las productoras que mantuvieron la industria cinematográfica española “a flote” durante la compleja década de los años treinta. Cifesa mostraba un cine urbano donde las comedias al estilo Hollywood solían estar interpretadas por la estrella del momento: Imperio Argentina. Por otra parte, Filmófono, que tuvo como hombre fuerte a Luis Buñuel, creó, en general, dramas rurales. Todas ellas son películas populares que tuvieron un cierto éxito, según títulos, en las carteleras del país. A grandes rasgos, el cine realizado en esta época se caracterizó, principalmente, por el tratamiento del honor en la mujer y la muestra de una naciente modernidad protagonizada por la maquinaria. De esta manera, la virginidad de la mujer y su relación con el honor familiar fueron tratadas en obras como La aldea maldita (Florián Rey, 1930), cuando la mujer de un campesino en prisión toma la iniciativa y viaja en busca de un futuro mejor, terminando en una especie de bar de “alterne” de la época. La fascinación por la maquinaria  fue una constante que aparecía incluso en las denominadas “comedias de teléfonos blancos”. El bailarín y el trabajador (Luís Marquina, 1936) comienza con unos planos documentales seguidos de otros que perfectamente podríamos haber encontado en la distopía urbana futurista de la famosa película de ciencia ficción Metrópolis (Fritz lang, 1927). En este momento, es necesario destacar la película Carne de fieras dirigida por  el director de cine y agitador anarquista incansable Armand Guerra, cuyo nombre real era José Estivalis. La película que tratamos se desarrolla en el mundo del circo y en ella cabe destacar la aparición del primer desnudo casi integral en la historia del cine español realizado para salas comerciales -obviamente, no tenemos en cuenta la realización de cine porno erótico que se llevaba a cabo desde hace décadas-.

Sin embargo, el tema recurrente del honor es llevado a la pantalla de manera evidente por diferentes directores desde los inicios del cine hasta la actualidad. Una de las propuestas más interesantes del cine español de los últimos años viene de la mano de Jorge Sánchez-Cabezudo y su película La noche de los girasoles (2005). Un hombre solo huyendo a través de un campo de girasoles en mitad de la noche es el inquietante inicio de este “drama-thriller rural”. En esta película encontramos diferentes historias aparentemente independientes que se interrelacionarán de manera sorprendente gracias a un montaje sencillo pero muy interesante: “El hombre del motel”, “Los espeleólogos” y “Amós el loco”. El personaje de Amadeo, interpretado por Celso Bugallo, es un enclave indispensable para adentrarse en esta apasionante historia. Uno de los muchos temas tratados tiene como protagonista a éste, cabo de la Guardia Civil a punto de jubilarse y encargado del pueblo donde transcurre la acción.  Amadeo, que tiene una cordial relación con su hija Raquel (Nuria Mencia) y el marido de ésta Tomás (Vicente Romero), también miembro de la Guardia Civil, descubre que la aparentemente apacible relación de ambos no se desarrolla como parece, sino que Tomás está involucrado en un oscuro asunto de corrupción y desaparición. Pero, la actitud de Amadeo ante la historia se basa esencialmente en la protección de su hija y del honor de la familia que no debe quedar dañado ante los ojos de la gente. Así pues, esta  historia interna protagonizada por algunos de los personajes  ( Esteban -Carmelo Gómez-, Gabi -Judith Diakhate-, Tomás y Pedro -Mariano Alameda-) es ignorada por los demás. Gabi ha sufrido un intento de violación y todavía en estado de shock ha creído reconocer a su agresor. Las consecuencias serán fatales pero la verdad ya no importa desde el punto de vista de Amadeo, qué ha pasado no tiene ningún sentido cuando la lealtad y respetabilidad está en juego, por ello éste advierte a Tomás: “He dejado el cuerpo. No quiero oír nada, nunca. Y, sobretodo, ni se te ocurra decir ni una palabra a Raquel”. Ésta es una de las escenas con las que concluye “La noche de los girasoles”, un film que trasciende los géneros puros para situarse en una posición entre el cine negro, el drama rural, la historia de amor… o como el espectador quiera reconocerlo, ya que, si miramos el interior de esta historia,  los temas abordados son infinitos y tienen en sus orígenes todo el peso de la tradición cinematográfica española.

01
Nov
09

¿Cineastas invisibles? Cine español

ficha el cebo tránsito def def

La aparición de diferentes artículos y nuevas ediciones en DVD sobre películas absolutamente desconocidas de nuestra industria suscita cuestiones sobre nuestro conocimiento respecto al cine español. Uno de los ejemplos más claros fue la edición por parte de El País de la película Arrebato (Iván Zulueta, 1979) que posteriormente se reeditó a propósito de su 25 aniversario. Pero, estamos hablando de 25 años en los que era casi imposible visionar esta película.

Igualmente desconocidos e interesantes son los cortos reunidos en dos discos, que se pusieron a la venta hace pocas semanas, titulados “Del éxtasis al Arrebato. Un recorrido por el cine experimental español“. A través de su visionado puedes realizar un acercamiento a algunos cineastas españoles cuya obra jamás ha llegado a la gran pantalla (p.e. Fuego en Castilla de José Val del Omar). Las razones de esta problemática se sitúan lejos de la calidad fílmica de una obra ya que están más relacionadas con los complejos caminos de la distribución. Normalmente, cualquier cine comercial para obtener una película tiene la obligación de adquirir un pack. Por lo tanto, si un cine desea obtener una película estadounidense, probablemente acabará comprando 10 de este país sin más remedio que proyectarlas en cartelera, aunque en el país de origen hayan pasado totalmente desapercibidas o su calidad sea absolutamente mediocre. De hecho, esta es la razón por la que en la cartelera de la mayoría de cines por cada película española hay 10 norteamericanas.

Comentarios de Eduardo Chapero Jackson y Albert Serra sobre los festivales y las complicaciones que suscita la distribución:

En este caso, vamos a hablar de El Cebo (1958), una de las películas de cine negro más sugerentes del cine español. El director, Laszlo Vajda, nos sumerge en el transcurso de una particular investigación a partir del hallazgo del cadáver de una niña. Esta película, que generalmente está poco considerada en nuestra filmografía, fue filmada en suiza en coproducción con España. Aunque, en general, la película trata temas habituales de Laszlo Vajda (conocido por ser autor de películas de Joselito) , esta vez  el espectador puede encontrar una tipología radicalmente diferente, en la que seguramente sería una de las películas donde Vajda disfrutaría de gran libertad creativa. No sólo se trata de esto ya que Heinrich Gaertner realiza una labor fotográfica magnífica en la que las imágenes en blanco y negro apenas tienen sombras y se componen a través de una iluminación altísima, poco usual y muy arriesgada dentro del cine de terror y suspense. La mitología de caperucita y el tratamiento de la infancia se traducen en una película que incita al espectador a imaginar a partir de elipsis visuales totalmente conscientes y deliberadas por parte del director. En el año 2001, Sean Penn realizó un remake de la película de Vajda titulado The Pledge (El juramento). Sin llegar a ser un éxito en la industria norteamericana, vale la pena visionarla para comparar y reconocer ciertas diferencias tanto generacionales como estilísticas de ambos directores. Yo, personalmente, me quedo con la primera pero cada espectador decide… así es el cine.




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